Si algo puede definirme es la curiosidad. Seguro que en otra vida fui un gato. Estudié Ciencias Políticas e hice la especialidad de estudios Iberoamericanos porque, ya en esa fecha, sentía una irresistible atracción por América Latina. Trabajé como periodista y, un montón de trabajos malos después, acabé como empleada de la banca y me quedé fascinada por el mundo de la bolsa.
Los caminos de Dios son inescrutables y desde luego que son así porque, leyendo libros de finanzas, tropecé de nuevo con Dios, al que había dejado atrás hacía tiempo por una doctrina demasiado rígida. Pero Dios venía a enseñarme otra cosa, me cogía de la mano para invitarme a observar a los pájaros posarse sobre las ramas para iniciar sus cánticos armoniosos o a mirar la tenue luz de la luna llena que se posa sobre el campo inundándolo todo de una aura misteriosa.
Ni siquiera había empezado: crisis del 2008… todo cae como piezas del dominó y los bancos se encuentran en una posición muy delicada. Empiezan a suceder los despidos masivos y yo… que llevaba un tiempo leyendo sobre emprendimiento, tenía muy claro lo que iba a hacer si caía en la siguiente ola. Caí y así hice: monté mi negocio. Hice una lista de cosas que se me daban bien y opté por la que me parecía la más lógica y la que más estaba a mi alcance: puse un herbolario.
En realidad mi destino respondía a una llamada que jamás se me ocurrió que sería escuchada y es que cuando tenía 20 años me encantaban los herbolarios y me decía a mí misma que si algún día montaba un negocio sería un herbolario. Jamás pensé que al formular esa inocente frase acabaría montándolo de verdad. Apliqué algo que me había enseñando el banco: formación continua. Desde que abrí en 2010 hasta hoy nunca he dejado de formarme en plantas, sus propiedades, sus usos… Pero cuando ya lo tenía todo listo para arrancar me pasó algo muy particular. Me hicieron un trabajo oscuro.
Es una larga historia pero en aquella época yo no creía en nada de eso. Todo me parecían fantasías pero mi negocio quebró a los dos años y, en mi desesperación, di con personas que me hablaron de la parte sutil, de eso que yo en aquel momento no podía ver y supe que una persona cercana estaba impidiendo que mi negocio prosperara pero esa persona está perdonada. En realidad, creo que respondía a un plan divino porque la quiebra de mi negocio me llevó donde estoy ahora.
Mi tiempo de crisis ha sido un tiempo de un profundo aprendizaje desde lo más material (marketing, diseño web, copywritting) hasta lo más espiritual, que empezó con una sencilla pócima que me pidió mi última cliente y que inició un camino de experimentación en el mundo de la magia con plantas. De repente me vi haciendo pócimas por encargo.
Yo tenía la sensación de que no sabía lo que hacía hasta que una voz interior me invitó a explorar el mundo de la naturaleza con confianza y con amor.
Para aprender de verdad magia con plantas, la vida me llevó a un tiempo de auténtico retiro y aprendizaje, un momento donde aprendí a hablar con los árboles, a encantar las plantas… fueron tiempos en los que desarrollé el concepto de magia intuitiva y magia inspirada donde la apertura es la clave y donde aprendes a fundirte con la divinidad que contienen las maestras verdes. En ese tiempo es cuando empecé a escuchar voces y, puesto que aún lidiaba con la quiebra, pensé, todavía incrédula, que el sufrimiento me estaba pasando factura y que era una cuestión psicológica.
Tuvieron que pasar cuatro años y varias enseñanzas para aceptar que eso que escuchaba y que me estaba enseñando fórmulas increíbles de magia, era que había despertado mi capacidad de canalizar. En la actualidad, mi antiguo herbolario (que quebró pero no desapareció) es un lugar de encuentro digital donde las druidas acuden a encontrar la sabiduría de sus almas a través de la práctica de la medicina ancestral y de la magia con plantas donde mezclamos formación con sesiones de canalización.
